sábado, 5 de diciembre de 2009

Bajo la sombra de El Guayacán

Muy lejos de significar una construcción metafórica, estar bajo la sombra de El Guayacán ha sido de las experiencias más significativas de toda mi vida. Hace más de un año y tantos meses los hijos de la imaginación de dos soñadores engendraron a su vez un prodigioso esquema de expresión libre y articulado a la vez; sobrio y lleno de expresión emocional en el mismo tono; y crítico pero también constructor de una opinión responsable y comprometida.

Bajo la sombra de El Guayacán he fabricado una importante introspección personal y social que de otra manera nunca se me hubiera ocurrido. Este engendro comunicacional llamado El Guayacán ha provocado una avalancha de ideas combinadas entre el criticismo responsable y el constructivismo objetivo. El sensacionalismo vulgar que repugna y que es común –tan común- en el mundo comunicacional de hoy en día no es un grato invitado a esta fiesta, y los padres de este proyecto se han encargado de rechazar cualquiera desagradable invitación en ese sentido.

La verdad es lo que es, y la verdad de El Guayacán es una libertad duradera, sin ataduras ni moldes prefabricados, sin direcciones y sin instrucciones egoístas, El Guayacán no es un medio dirigido ni a una satisfacción personal ni a un interés materialista que justifica cualquier fin. No, no lo es, no es ese brazo hipócrita al servicio del primer filibustero que quiera manipular información a cambio de una chequera certificada.

El Guayacán es una verdadera iluminación del ingenio humano, pero más del atrevimiento y de la temeridad, de esas ideas riesgosas que de cuando en cuando los seres humanos hacemos realidad, pero que tienen el rédito de permanecer eternas en el universo de nuestros pensamientos.

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